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Más segura que la huella de los árabes es la que dejaron los romanos en Morales, pues aun cuando no esté bien estudiada aun la zona –según queda dicho- tenemos, sin embargo, pruebas fehacientes de que frecuentaron la comarca y dejaron reminiscencias de su paso por ella, como vamos a ver.
Al fondo del llamado camino de Santa Eugenia y frente al Molino de abajo –hoy en ruinas-, existe un “pago” –a mi modo de ver- con todas las características propias de haber sido escenario de una antigua villa romana. En el aparecieron en mis tiempos de niño diversos utensilios –que no puedo precisar-, así como objetos antiquísimos, piedras con inscripciones…, y todavía hoy1 se advierten a simple vista restos de mosaico, de terracota y de otros signos peculiares corrientes en las viviendas de los antiguos romanos.
Todos estos recuerdos, unidos a lo productivo y lo frondoso del terreno, hace suponer que hubo allí una antigua villa romana2, ocupada por habitantes que vivían sin duda al amparo de los castros existentes en los montículos próximos, todavía sin estudiar3. A esta villa aluden seguramente los documentos medievales de que hablaremos luego. En Morales aparecen los dos yacimientos romanos: uno allí cerca de El Tesoro, ya más cerca de las escuelas, donde yo he visto tégulas; y el otro, el de Santa Eugenia, donde aún había paredes de época romana, tégulas, cerámicas de “terra sigillata”, monedas, teselas de mosaico etc. Todo parece indicar que era una buena “villa” romana, situada a la orilla del Eria4.
No lejos de esta supuesta villa romana, se halla una colina en la que ha aparecido restos arqueológicos de una antigüedad considerable, sobre los cuales no tengo datos, sino solo referencias particulares. Tal montículo –llamado el cerro de “la corona”, se halla ya enclavado en término de Manganesos, muy próximo al citado peñasco del supuesto fósil mencionados en páginas anteriores, con la señal del caballo marcada en la roca-, y a escasa distancia de la confluencia de los ríos Orbigo y Eria5.
Después de escribir todos los datos anteriores6, cuando vuelvo a remontar el hilo de la misma –primavera de 1998- acabo de enterarme de que todas las suposiciones de la existencia de algo serio en la zona del montículo de La Corona, han resultado, si no proféticas, si llenas de realidad, porque se han realizado unas excavaciones en la parte meridional del montículo, ya en la llanura, y como a cien o doscientos metros de la confluencia de los ríos, y ha aparecido una villa romana muy interesante con cantidad fabulosa de utensilios y restos de los primeros siglos. La pena ha sido que precisamente estaba proyectada la autovia de Galicia por el mismo sitio de las excavaciones, y por más que la s protestas de la comarca se han hecho patentes, nadie ha respetado aquel yacimiento, sin duda de los más notables de toda nuestra zona7.
Contribuye no poco a reforzar la posible existencia de la antigua villa romana en el lugar mencionado, las modernas precisiones que actualmente se vienen haciendo sobre la ubicación de la renombrada mansión Brigecio o Brigeco. En una obra reciente se habla sobre el tema. De ella tomamos estos datos:
“Hasta ahora era habitual hacer coincidir la mansión de Brigecio con la prospera Benavente. Asentada sobre un altozano que domina la confluencia de los ríos Elsa y Orbigo, el lugar reúne singulares características para convertirse en asentamiento desde las épocas más remotas de la antigüedad. Allí se han encontrado todas las comunicaciones de Castilla con Asturias y Galicia. Aun en sus cercanías se dan cita las carreteras que unen estas regiones. Tantas facilidades y privilegios a primera vista seducen para colocar en ella también la mansión romana.
La afirmación no es exacta. Hoy bajo la autoridad de Roldan Hervas los investigadores sitúan a Brigeco con otra pequeña plataforma en el termino de Villabrazaro, conocido con el nombre de “El Peñón” en las orillas del río Orbigo, posición magnifica, envidiable, donde existen restos indudables de una primitiva población que luego por comodidad dio origen al pablado actual de Villabrazaro.
Por aquí el paso del Orbigo resulta sumamente cómodo. Brigeco era la capital de una tribu astur conocida con el nombre de “brigaecinos”, que poblaba todo el norte de Zamora. Referidos a tan estratégica región hablan los autores de la existencia de tres campamentos romanos en un espacio cercano a la ciudad, donde tenia su asentamiento la Cohorte IV Gallorum”8.
De ser ciertas estas teorías, de que estuviera Brigecio en las inmediaciones de la desembocadura del Eria en el Orbigo9, podíamos establecer cierta conexión entre la villa romana de Morales –de que acabamos de hablar- con la brigecina, por la proximidad existente entre ambas, separadas solamente por menos de dos kilómetros. Esperemos que nuevas investigaciones puedan aclararnos estas suposiciones, que hoy no pasan de meras hipotesis10. Precisamente la distancia de catorce millas entre el miliario aparecido junto al puente del Priorato, mas debajo de Benavente, se sitúa entre Villabrazaro y Morales. Seria sumamente interesante llegar a descubrir algún día la posibilidad de haber sido nuestro pueblo sede de la celebre ciudad brigecina. No deja de tener interés –antes refuerza las suposiciones pasadas- la referencia particular que me hace mi buen amigo Vidal Aguado Seisdedos, al decir que “Morales queda entre los dos castros de Manganesos y de Santa Maria de la Vega. Por ahí situaba yo a Brigecio, pues me daban las distancias del itinerario de Antonio, según lo que escribí en mi comunicación al I Congreso de Astorga Romana”.
Efectivamente, en la comunicación presentada en este congreso ofrece este autor un estudio de las distancias aproximadas entre ciertas mansiones romanas. Particularmente se centra en Brigecio, a partir de la numeración que figura en el miliario recién descubierto junto al puente del Priorato. Dicho miliario ha dado pie para señalar un nuevo trazado a la Vía de la Plata distinto enteramente al que venían señalando los autores. Según este autor, la mansión siguiente al referido miliario es Brigecio, que siendo por lo general de catorce millas la distancia mediante entre las distintas mansiones, resulta que “a esa distancia podría situarse la mansión de Brigecio en las cercanías de Morales del Rey, que posee dos yacimientos, al menos, con vestigios romanos”.
Recuerda luego que la mansión o posada de la vía, no siempre coincidía con la ciudad del mismo nombre, y a veces hasta convenía que estuvieran a cierta distancia, resultado que “como en la villa de Morales del Rey no se descubren vestigios anteriores a la época romana11, ni asentamiento adecuado, propio de las ciudades celtibericas, sobre un castro o altura fácil de defender”, saca la conclusión de que no hallado lugar adecuado para poder situar la mansión de Brigecio, se debe buscar en sus inmediaciones, a saber, en algún sitio capaz de servirle de marco. Y lo encuentra en el montículo situado en la misma desembocadura del Eria en el Orbigo, denominado La Corona, -“nombre también revelador donde aparecen abundantísimos fragmentos de cerámica de la I Edad de Hierro y también algunos celtibericos, pero no romanos ni tampoco de regulas”- ya en termino de Manganesos, donde le parece que debió estar situada Brigecio. Se trata de “un cerro rocoso de alguna altura, formando una meseta en su parte superior con muchos bancales y rampas en torno”.
También la antiquísima ermita de santa Eugenia, desaparecida hoy, pero que duro hasta el siglo pasado, ubicada a la entrada del camino de su nombre, dado que en sus inmediaciones se han encontrado enterramientos de los primeros siglos, siempre hemos supuesto como probable sean restos de algún eremitorio anterior a la invasión de los arabes12. A este yacimiento alude F. Regueras Grande cuando escribe:
“Santa Eugenia. Se documentan en superficie multitud de teselas pero solo en 1984 se recupero un pequeño fragmento de 3x4 cm. Aquellas son de caliza blanca y 1 cm. de lado. No poseen apenas restos de solera. El yacimiento es relativamente extenso, y en particular, hay una zona dejada en barbecho por la gran densidad de materiales constructivos que presenta, aparte de otros cerámicos, restos de estucos pintados…”13.
Tal vez algún día se puedan esclarecer estas incógnitas a medida que vaya estudiándose más y más la zona. Desde luego no es creíble que una vega tan feraz como la de Morales, pasara inadvertida para las primeras comunidades monásticas de los primeros siglos, cuando san Fructuoso y san Martín Dumiense poblaban de monasterios gran parte del noroeste español, no se dieran cuenta de las ventajas que reunía aquella vega, y la aprovecharan para establecer allí algún monasterio donde poder dedicarse a la alabanza divina, supuesta la fácil provisión de los víveres más necesarios para la subsistencia, al par de no ser molestados, por hallarse la zona completamente despoblada
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