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EMPLAZAMIENTO Aún cuando la toponimia no sea tema favorito de mis aficiones, sin embargo, al no tener a mano ninguna obra que me aclare la procedencia del nombre del pueblo, quiero ofrecer mi modesta opinión respecto al topónimo morales. Creo se puede tomar bajo dos aceptaciones diferentes: primera, como derivación del adjetivo latino morales morale, que comporta conceptos en relación con la moralidad o las buenas costumbres; o bien puede emplearse en su denominación neutra plural moralia, la ciencia que trata sobre las costumbres1. Personalmente me atrevo a apuntar como más segura la segunda acepción, la procedente del sustantivo neutro forum mori, la mora o zarzamora, fruto del moral, planta muy corriente en toda la zona de Morales. Aun quiero aquilatar más el origen aduciendo el termino morus alba, significando la morera. Resumiendo diré que este último significado –la morera- a mi modo de ver es el que cuadra mejor que ningún otro con la toponimia de Morales, o sea, el nombre de nuestro pueblo es derivación de la morera, aludiendo sin duda a esa clase de arboles, que tal vez fueran abundantes en los tiempos antiguos, de los que todavía se conservan actualmente hermosos ejemplares2. El municipio se halla situado al norte de la provincia de Zamora, dentro del partido judicial de Benavente, distante 12 kilómetros, muy próximo al limite con la provincia de León, entre los pueblos de Santa Maria de la Vega –denominado antiguamente Regelda y la Verdenosa3-, Quintanilla de Urz, Quiruelas de Vidriales, Colinas de Transmonte, Manganesos de la Polvorosa, Vecilla de la Polvorosa y Fresno de la Polvorosa. Como se ve, Morales está enclavado en pleno alfoz de pulvuraria, “La Polvorosa”, denominación alusiva a la celebre batalla de “el Mato”, que se dio en tiempos de Alfonso III el Magno, no lejos de la confluencia de los ríos Elsa y Orbigo, en las inmediaciones de Santa Colomba de las Monjas, lugar próximo a Benavente, en cuya batalla sucumbió la mayor parte del ejercito agareno. El triunfo favoreció tanto a los cristianos, que para inmortalizarlo, los pueblos adoptarían luego tal denominación de “la Polvorosa”. Más adelante volveremos de nuevo sobre este particular. Hasta las primeras décadas de este siglo, Morrales tenía anejos los lugares de Verdenosa-Redelga4, Fresno de la Polvorosa y Vecilla de la Polvorosa. En la actualidad solamente le está incorporado este último lugar. El casco urbano tiene su asiento en la margen derecha del río Eria, no lejos de su desembocadura en el Orbigo, a poco de salir del término de Morales. Sus edificios aparecen construidos de manera compacta, divididos en dos mitades por la reguera, torrentera ocasional que atraviesa por mitad del pueblo, al que divide en dos partes, y solo lleva agua en los días de lluvias o nevadas intensas. La mitad de los edificios están asentados en una planicie, y la otra mitad se hallan recostados en la falda de las dos colinas próximas: Peñarredonda y El Teso. Las calles –por lo regular_ son estrechas y tortuosas, sin que halla habido nunca quien se preocupase en poner un poco de orden y concierto urbanístico en los edificios, de suerte que formaran un todo armonioso, con calles tazadas a cordel, como sucede en otras poblaciones de inferior categoría en La Mancha y levante. Ni siquiera en el momento presente se han preocupado de ordenar un poco las construcciones, porque en la parte moderna –hacia la ermita- donde se halla lo que pudiéramos llamar el ensanche de la villa, los nuevos edificios miran para donde les viene en gana, formando una especie de laberinto en completa anarquía. Quizá este laberinto pueda tener su mérito cuando pasen varios siglos. Como lo tienen hoy algunas ciudades como Toledo, que es única precisamente por esa especie de laberinto que forman los edificios de la parte antigua, separados por callejuelas estrechas y tortuosas. Las casa antiguas, por lo general, están hechas de adobes o tapiales de tierra cocida, sobre cimentación de piedra del país, que es muy arisca y difícil de labrar. En su mayoría son de un solo piso dispuesto en esta forma: en la planta baja, suele estar la vivienda y en la planta alta se destina a almacén de cereales y de enseres. No obstante, diremos con satisfacción que en la actualidad se esta mejorando mucho la vivienda: ya no se construye de tapial y menos de adobe, como antes, sino de ha impuesto el ladrillo o la piedra de mampostería, de suerte que en el aspecto externo muchos edificios pueden competir con los chalés de las ciudades. Todos están dotados en su interior de aquellas comodidades exigidas por la vida moderna: cuartos de aseo, cocinas eléctricas, gas butano, calefacción… Adosada a la casa –en los edificios antiguos- suele estar la cuadra o establo, destinado a recoger las bestias de labor: bueyes, vacas, mulas, caballos, borricos, etc., si bien hoy día, dada la mecanización del campo, en los últimos años se han multiplicado los tractores y toda clase de maquinaria agrícola, desapareciendo los animales de trabajo, excepción hecha de algún borriquillo para montar y trasladarse a las fincas, algunas vacas para el ordeño, y los cebones que no suelen faltar en ninguna casa, destinados a hacer la matanza del año5. No existe ningún edificio que merezca consignación especial, por su valor histórico o artístico. Antes se podía mencionar el templo parroquial del siglo XVII, aunque más que el edificio – que no ofrecía novedad por su arquitectura modesta- merecía gran interés el rico tesoro artístico albergado en su interior. Como en otra ocasión nos hemos de ocupar de el por separado, omito anticipar aquí ningún dato. En las afueras del pueblo se conservan la ermita del Santo Cristo de la Vera Cruz –el Bendito Cristo como se le suele denom8inar siempre- construida a fines del s. XVI, que no tiene merito alguno, la cual cobija una devota imagen de Jesús Crucificado6, copatrono del pueblo con San Pelayo, cuya fiesta mayor se celebra el domingo inmediato al 14 de septiembre7.Junto con la de San Pelayo –el 26 de Junio-, son los dos días grandes del año en que concurren en el pueblo todos los hijos dispersos por distintas regiones. Más adelante hablaremos por extenso sobre estos temas. Según la documentación estudiada, existían en Morales diversas ermitas en los tiempos antiguos, una de ellas de la santa Eugenia, que es la única que se puede localizar su emplazamiento aproximado, al comienzo del camino que lleva su mismo nombre. Las demás desaparecidas ignoro por completo el sitio exacto de su ubicación, a causa de no tener a mano documentación necesaria, ni la menor referencia para comprobarlo. Tal vez estudiando a fondo los documentos pertenecientes a nuestra iglesia –depositados hoy en el archivo diocesano de Astorga- se pudiera localizar su emplazamiento aproximado, al comienzo del camino que lleva su mismo nombre. Las demás desaparecidas ignoro por completo el sitio exacto de su ubicación, a causa de no tener a mano documentación necesaria, ni la menor referencia para comprobarlo. Tal vez estudiando a fondo los documentos pertenecientes a nuestra iglesia –depositados hoy en el archivo diocesano de Astorga- se pudiera localizar su emplazamiento. De todas ellas solamente se conserva en pie la del vendito Cristo. Aunque Morales no tenga monumentos ni lugares históricos, sin embargo no descartamos la posibilidad de que antiguamente hubiera alguno de interés, pues en varios documentos hemos constatado la existencia de un hospital. Lo que si puedo asegurar –por haberlo visto de pequeño arrinconado en la sacristía de la iglesia antigua -, es un escudo de piedra, en el cual tengo idea de que campeaban multitud de roeles. Tal escudo bien pudo pertenecer a alguna casa señorial o ser de algún edificio notable hoy desaparecido. Pensemos que dada la vinculación que Morales tuvo con los reyes de la reconquista y, más tarde, con los Condes de Cabrera y, por fin, con los Condes de Benavente, no es aventurado suponer que tuvieran en Morales algún palacio o residencia señorial. Habiendo estado también el pueblo tan relacionado con los monasterios de San Pedro de Montes, Nogales y algunos otros, no era tampoco improbable que las casas que servían para albergue del monje administrador para la recogida de las rentas, tuviera cierta categoría o estuvieran adornadas con las armas del monasterio. Tal sucede con algunos prioratos que dependieron de mi monasterio de Oseira, que todavía hoy exhiben en la fachada principal de lo que fue casa del prior, el escudo de armas del monasterio, que lo constituye dos osos encaramados en un pino8. Ignoramos la suerte que correría este escudo de piedra que vi en la sacristía de Morales, hasta hace unos 25 o 30 año. Me figuro seguiría el mismo rumbo de todas las demás cosas que se llevaron malvendidas. (Extraido de Morales del Rey: Historia y Vida de Fr. Mª. Damián Yáñez Neira)
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